enero 19, 2026

Mi vida ᶻ 𝗓 𐰁 .ᐟ

Si mi vida fuera una historia principal, esta sería la subtrama. Esa que no siempre se cuenta en voz alta, pero que atraviesa cada capítulo sin pedir permiso.

He pasado buena parte de mi tiempo intentando ser una chica cool. No en el sentido perfecto o inalcanzable, sino en ese más humano: probar cosas, equivocarme, reinventarme y volver a intentar. He sido muchas versiones de mí misma, algunas por convicción y otras por pura curiosidad. Y todas, de alguna forma, han dejado huella.

He probado hobbies como quien abre puertas en un pasillo infinito: algunos se quedaron abiertos durante años, otros solo lo suficiente para asomarme y seguir caminando. Cambié de estilos, de gustos, de estéticas. Un día minimalista, otro caótica. A veces intensa, a veces invisible. Cada versión era una excusa para entenderme un poco más, aunque en el momento no lo supiera.

También me aventuré en miles de mundos digitales. Internet fue un multiverso donde pude ser espectadora, creadora y personaje secundario. Foros, redes, juegos, comunidades extrañas y fascinantes. Lugares donde aprendí a observar, a adaptarme, a hablar otros lenguajes. Donde entendí que hay infinitas maneras de ver el mundo, y ninguna es completamente correcta ni completamente errónea.

Conocer el mundo desde distintas perspectivas me enseñó algo importante: no hay una sola forma de vivir bien. Hay miradas, contextos, realidades que se superponen. Y en medio de todo eso, yo, intentando encajar sin desaparecer, destacarme sin perderme.

Esta subtrama no tiene un final claro. No hay una conclusión cerrada ni una moraleja contundente. Solo una constante búsqueda: entender quién soy cuando nadie me está mirando, y quién quiero ser cuando sí.Tal vez eso sea mi vida. No una línea recta, sino una colección de intentos sinceros. Y aunque no siempre me haya sentido cool, fui auténtica en el proceso. Y eso, al final, también cuenta como una victoria.

Sigo en esa búsqueda casi silenciosa de un sello personal, de algo que me haga sentir que soy una chica cool a mi manera y no según un molde ajeno. Por eso me adentré en sitios como SpaceHey y Substack, espacios donde las personas se muestran más crudas, más reales, más ellas mismas. No entro para copiar vidas ni estéticas, entro para observar, para inspirarme, para entender cómo otros construyen su voz y su mundo. Me parecen personas geniales justamente por eso: porque se atreven a ser quienes son, y en ese atrevimiento encuentro pistas, chispas, pequeñas luces que me ayudan a seguir armando la mía.

Y claro, en el camino también he tenido luchas absurdas y divertidas con las redes sociales, como si fueran jefes finales de un videojuego que nunca se termina. He intentado tener el feed perfecto y rendirme a los dos días, he borrado publicaciones que me parecían increíbles por la mañana y vergonzosas por la noche. He pasado horas eligiendo una foto de perfil para luego pensar que ninguna me representa de verdad. A veces quiero ser misteriosa, otras demasiado honesta, y muchas veces termino siendo ambas sin querer. He peleado con algoritmos que no me entienden, con tendencias que llegan tarde a mí y con estéticas que me quedan grandes o pequeñas. Pero entre esas batallas ridículas, entre stories que no subí y textos que sí me animé a publicar, fui entendiendo que ser una chica cool no es ganar el juego, sino divertirse jugándolo, equivocarse en público, aprender en privado y seguir buscando, aun cuando no tenga muy claro qué es exactamente lo que estoy buscando.

Buscar tu ruta de vida en internet siendo un internauta invisible es extrañamente divertido, casi liberador, como caminar por una ciudad gigantesca con una capucha que te vuelve irreconocible, donde nadie espera nada de ti y por eso puedes permitirte observarlo todo. No tener un sello personal, ni una estética definida, ni siquiera el título no oficial de “chica cool” te coloca en un lugar raro pero cómodo: el de quien explora sin la presión de ser coherente.

Puedes pasar de leer ensayos profundos a ver videos absurdos, de seguir a alguien súper alternativo a perderte en un foro olvidado del 2012, sin sentir que traicionas una identidad que todavía no existe. Hay algo emocionante en saltar entre mundos digitales sin dejar rastro, como si fueras un fantasma curioso recolectando fragmentos de sentido.

Ser invisible te permite probar ideas como quien se prueba ropa en un probador: algunas te quedan grandes, otras te aprietan, otras te sorprenden, y muchas no te las llevarías a casa, pero todas te enseñan algo sobre lo que podrías llegar a ser. No tener estética también es una estética, aunque no lo sepas todavía.

Es el collage caótico de intereses que cambian cada semana, de opiniones que evolucionan después de leer un hilo inesperado, de gustos que nacen de la nada y se van igual de rápido. Internet, en ese estado de anonimato blando, se vuelve un mapa abierto donde no hay rutas obligatorias ni destinos finales, solo desvíos interesantes.

Puedes fallar en público sin que nadie lo note, reinventarte sin anuncio previo, desaparecer y volver con otra forma de pensar. No hay presión por ser consistente, porque no hay una audiencia fija que sostener ni una imagen que proteger.

Y en medio de todo eso, entre pestañas abiertas, notas mentales y cuentas seguidas que luego olvidarás, ocurre algo silencioso pero poderoso: empiezas a construirte sin darte cuenta. No desde una marca personal ni desde una narrativa vendible, sino desde la experiencia pura de curiosear, equivocarte y disfrutar el proceso.

Tal vez no seas una chica cool, ni quieras serlo, pero hay algo profundamente divertido —y honesto— en recorrer internet así, sin nombre, sin bandera, sin estética, dejando que la ruta se arme sola mientras tú simplemente sigues avanzando.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario