Hoy confirmé una teoría que tengo desde hace tiempo: algunas personas le tienen miedo al silencio.
No al silencio incómodo, no.
Al silencio normal. Ese momento tranquilo donde nadie tiene que decir nada y simplemente existir está bien.
Estaba en una conversación donde alguien hablaba sin parar. Cambiaba de tema cada treinta segundos: escuela, series, comida, el clima, otra vez la escuela… como si las palabras fueran una carrera que no se puede detener.
Yo solo observaba.
Es curioso cómo cuando hablas poco, la gente piensa que no estás prestando atención.
Pero en realidad pasa lo contrario: cuando hablas menos, notas más cosas.
Notas quién escucha y quién solo espera su turno para hablar.
Notas quién llena el silencio por nervios y quién lo respeta.
Notas quién dice cosas porque realmente quiere decirlas… y quién habla porque no soporta quedarse callado.
Ser introvertido selectivo no significa odiar a las personas.
Significa elegir bien cuándo gastar tu energía.
Porque hablar todo el tiempo es fácil.
Pero decir algo que realmente valga la pena… eso es mucho más raro.
Tal vez por eso me gustan las conversaciones cortas pero reales.
Las que no necesitan ruido constante para sentirse vivas.
A veces las mejores conversaciones son esas donde alguien dice algo simple… y después ambos se quedan en silencio, pensando.
Y ese silencio no pesa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario