Febrero fue un mes extraño. No necesariamente malo, pero sí pesado. Mucha presión acumulada, expectativas encima y esa sensación constante de estar en piloto automático. Y justo en medio de todo eso, encontré calma en alguien inesperado.
Mi comfort idol del mes fue Kim Seungmin, de Stray Kids.
No sé exactamente en qué momento empezó, pero poco a poco su presencia se volvió un espacio seguro para mí. Su manera de hablar, su voz tan estable, su forma tranquila de estar en el mundo… todo eso me transmitía algo que yo no estaba logrando darme sola: serenidad.
Hay algo en su estética que me ayudó muchísimo. No es solo visual; es una vibra. Tonos neutros, expresiones suaves, esa imagen limpia y ordenada que no grita, que no compite, que simplemente existe con seguridad. En días donde mi mente estaba llena de ruido, verlo era como bajar el volumen interno.
Me hacía sentir feliz, pero no de esa felicidad eufórica que cansa, sino una felicidad ligera. Como cuando tomas aire profundo y por fin tus hombros se relajan sin que te des cuenta.
Hubo noches en las que solo necesitaba escuchar su voz o ver algún clip corto para sentir que todo estaba un poquito más bajo control. No solucionaba mis pendientes, no borraba mis responsabilidades, pero sí me daba el impulso emocional para seguir.
A veces subestimamos lo importante que es tener pequeños refugios. Para mí, en febrero, ese refugio fue él. Me recordó que la calma también puede ser fuerte. Que no todo tiene que ser intensidad. Que estar tranquilo no significa ser débil.
Y aunque el mes haya sido exigente, puedo decir que también fue más llevadero gracias a esa pequeña dosis de estabilidad que encontré en su energía.
Febrero tuvo ansiedad, sí. Pero también tuvo paz.

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