febrero 21, 2026

El bachiller me colapso ᶻ 𝗓 𐰁 .ᐟ

Primero que nada… perdón por desaparecer tanto tiempo. No fue falta de ganas, fue falta de energía, de ánimo y, siendo honesta, de estabilidad mental. Pero aquí estoy otra vez.

Me llamo LatteZz y estoy en mi último semestre de bachillerato. Y no sé en qué momento llegué hasta acá. Todo fue demasiado rápido. Literal siento que ayer apenas estaba aprendiendo a hacer un simple “Hola Mundo” y, de repente, ya estaba cursando Desarrollo de Videojuegos. Fue un salto que me cayó encima sin avisar. No hubo transición suave. Solo un día desperté y ya estaba ahí, tratando de entender motores gráficos, lógica más compleja y proyectos enormes mientras yo apenas estaba intentando no ahogarme. Hubo momentos donde el estrés me consumió. La ansiedad se volvió una compañera constante. Más de una vez deseé regresar al 2020, cuando mi mayor preocupación era repetir “Say So” de Doja Cat en bucle y nada más. Extraño esa versión de mí que no sabía lo que era una entrega acumulada, un promedio final o el peso de decidir qué hacer después de graduarme.

En cuarto semestre toqué fondo. Mis calificaciones bajaron. Pasé de tener un 100 perfecto —mi estándar, mi orgullo, mi seguridad— a un 80. Y para muchos puede sonar exagerado, pero para mí fue un fracaso total. Me sentí insuficiente. Me comparé. Dudé. Me pregunté si realmente era tan buena como pensaba o si todo había sido suerte. Fueron momentos bastante deprimentes, donde me costaba incluso reconocer mis propios logros. Pero también fue una gran enseñanza.

Aprendí que no soy una cifra. Que un número no define mi capacidad ni mi futuro. Que exigir perfección constante solo desgasta. Y que caer no significa que todo terminó. Cada etapa fue pesada, pero cada una me demostró que sí puedo terminar lo que empiezo, incluso cuando siento que ya no puedo más.

Hoy llevo dos semanas en este nuevo nivel: el último semestre. Tengo grandes expectativas… y pocos ánimos, si soy completamente honesta. Es raro estar tan cerca del final. Hay emoción, pero también cansancio acumulado. Hay ilusión por lo que viene, pero miedo por no saber exactamente qué será.

Si algo he aprendido hasta ahora es esto: sobrevivir al bachiller no significa hacerlo perfecto. Significa hacerlo a tu ritmo. Significa no rendirte incluso cuando sientes que todo te supera. Significa aceptar que a veces vas a querer regresar al pasado, pero que estás creciendo aunque no lo notes.

Y si llegaste hasta aquí, leyendo esto, quizá tú también estés sobreviviendo. Y aunque no lo sientas… ya es un logro enorme.

Si yo daría algún tip, sería que por más duro que sea lo que hay que hacer, no te rindas. Puede sonar ridículo, incluso cliché, pero es algo que siempre recuerdo. A veces no se trata de hacerlo perfecto, ni de hacerlo increíble, ni de hacerlo mejor que todos. Se trata de hacerlo.

Porque una vez que concluyo algo —sin importar si quedó bien o mal, si me gustó o no el resultado— lo hice. Y eso ya es un gran paso. El simple hecho de enfrentarlo, aunque haya temblado por dentro, aunque haya dudado mil veces, aunque haya querido posponerlo… lo hice.

Y más adelante, cuando miro atrás, me doy cuenta de algo: ese peso que sentía tan enorme fue pasajero. No era eterno. No era el fin del mundo. Solo era un momento incómodo que necesitaba atravesar.

No hay necesidad de querer evitar todo lo que incomoda. A veces lo que más miedo da es justo lo que más nos hace crecer.

Así que sí, sobrevivir al bachiller no es no colapsar nunca. Es colapsar un poco… y aun así seguir.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario